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Porsche - El número 57 vive

El número 57 vive

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Silueta: la clásica línea del nueveonce en su forma original. Se ha mantenido hasta hoy a lo largo de siete generaciones de modelos.

Medio siglo después, el Porsche 911 número 57 vuelve a casa. La historia del hallazgo de un ejemplar abandonado que se convierte en pieza de museo es formidable. Un cuento en tres capítulos.

Prólogo: Había una vez un apasionado de la técnica que se llamaba Bernd Ibold y que vivía en los alrededores de Potsdam, cerca de Berlín. Era un mecánico de coches por convicción, y cuando se jubiló, para tener algo que reparar, se hizo con 19 automóviles, una gran cantidad de recambios y aún más herramientas. Pero unos problemas de salud desbarataron su sueño de restaurar automóviles. A ello se añadieron los problemas económicos, que le obligaron a dejar su terreno y los graneros repletos de objetos relacionados con el automóvil. De modo que, cumplidos los 70 años, Ibold poseía mucho pero no tenía nada. Y le faltaban las fuerzas para separarse de todos los objetos que le habían acompañado hasta entonces y ganar dinero con la venta. Ibold no pudo contener las lágrimas de tristeza. Pero al final su hija, conmovida por la desesperación de su padre, se decidió a buscar ayuda. Y la encontró.

Primer capítulo

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Marcas intemporales: hoy, al igual que hace 50 años, el escudo de Porsche está impreso en el volante de los deportivos.

Otto Schulte es más listo que un zorro y desde hace años el experto en automóviles de «Los busca-cachivaches – El dinero está en el sótano», que es más o menos como se traduciría el título de la serie documental de la cadena de televisión alemana RTL II sobre el trabajo de tres hombres que se dedican a desescombrar casas, sótanos y cobertizos de otras personas y a convertir en dinero aquello que todavía es utilizable, por ejemplo poniéndolo a la venta en mercadillos. Por lo general se manejan cantidades entre 1.000 y 4.000 euros, como máximo.

Cuando Schulte visita a Bernd Ibold por primera vez, no puede disimular el espanto: chatarra por todas partes. En el patio los automóviles, la mayoría de ellos de entre diez y veinte años de antigüedad, están corroídos por la humedad y el viento. Pocos son los que todavía podrían funcionar, muy pocos arrancan aún.

Junto a la pared de un granero descubre dos viejas ranas a las que no parece que nada pueda sacar de su letargo. A primera vista son dos Porsche 911. Y, como en cada cuento hay un malo, el óxido ha corroído casi completamente los faldones y los paneles laterales del compartimento del motor y ha agujereado aquí y allá la chapa. Faltan los guardabarros, las puertas y los asientos. Un centímetro de polvo cubre los antiguos deportivos y solo se puede adivinar que el de delante fue alguna vez rojo y el de atrás, dorado.

Schulte sabe que los aficionados pagan bien, incluso por piezas de desguace, solo hay que saber encontrarlos. Calcula unos 10.000 euros por los restos de los dos Porsche, y más cuando Ibold dice haber almacenado en algún lugar otras piezas. Casi de paso Ibold comenta que una vez había buscado recambios de Porsche a buen precio, ya que posee uno de los más antiguos, con el número 57, pero que no lo consiguió… Schulte se queda estupefacto.

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Mirada introspectiva: aunque está lleno de polvo, el brillo de los viejos tiempos sigue resplandeciendo.

Segundo capítulo

Alexander Klein, jefe de gestión de vehículos del Museo Porsche, suele recibir llamadas de este tipo. Esta vez una voz femenina llama de RTL II. Que si quiere comprar un Porsche antiguo… ¿Cuál? Rojo. ¿Qué tipo? Deportivo. (Suspiro). ¿Qué pone en la documentación? Porsche. ¿Algo más? Motor bóxer de seis cilindros, 300057, 130 CV a 6.100 rpm… Klein de repente reacciona. ¿300057? Podría ser el Porsche 911 número 57 de 1964, que todavía era un 901. Un año antes Klein había dado por perdida la búsqueda de un 901. Quería añadir un nuevo modelo en la exposición, ya que el 911 más antiguo de que disponía era el 302503. Pero todos los ejemplares que encontró estaban restaurados y tenía que ser sin restaurar, pues los especialistas quieren saber exactamente qué piezas son originales para reconstruir el automóvil con sus propios estándares y sus propios medios.

Según la ficha del vehículo, el automóvil que Ibold había adquirido de segunda mano en 1971 y que puso fuera de circulación en 1975 había sido vendido el 27-11-1964 en Krefeld. Allí se pierde la pista del coche color rojo intenso (6407 B/P) con asientos en diseño pata de gallo color negro. Ibold es por lo menos el quinto propietario. Y la señora de la televisión pide que Porsche traiga dinero en efectivo. ¿Cuánto…?

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Infotainment de antaño: la radio de la época está insertada en un soporte de madera noble.

Tercer capítulo

Dieter Landenberger, jefe del Archivo de Porsche, se desplaza al sur de Berlín acompañado del jefe del taller del Museo, Kuno Werner. Allí les esperan las cámaras de televisión. Schulte, experto en moderación, quiere oír enseguida una cantidad, que se llegue a un trato con un apretón de manos. Pero los dos representantes de Porsche también son expertos, y sin peritaje no hay trato. Para ello, fletan los dos automóviles hacia Zuffenhausen donde dos peritos independientes harán su trabajo.

El resultado es que el número 57 vive. Un auténtico original. Lo confirman diversos números de la carrocería y del soporte del cuadro de mandos, así como también los números escritos con tiza en los interiores de los revestimientos de las puertas. El automóvil está en un estado penoso, pero no desesperanzador. Porsche decide la compra. Valor actual: 107.000 euros.

Pasa pocas veces, pero Otto Schulte se queda sin palabras. Y más cuando Porsche tasa el coche dorado construido en 1967 –una buena fuente de recambios– por otros 14.500 euros. Bernd Ibold apenas se lo puede creer. En un abrir y cerrar de ojos se han desvanecido sus preocupaciones. Además, pronto podrá visitar «su» 901 en el Museo. Ibold vuelve a tener lágrimas en los ojos, pero esta vez de felicidad.

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Old fashioned: tras la restauración, el 901 tendrá el mismo aspecto que el día que salió a la venta.

Epílogo

Kuno Werner se enfrenta a una gran tarea. Cerca del 20% del número 57 ha desaparecido. Según las primeras valoraciones solo puede utilizarse un 35% de la carrocería. Más o menos la mitad del número 57 puede aprovecharse. El ­vehículo está completamente desarmado, y la transmisión y el motor –­ninguno originales del 57 pero sí pertenecientes a uno de los primeros 901– están fuera de uso. Se elimina químicamente el esmalte de la carrocería. Ésta luego se vuelve a montar con esmero usando chapa de la misma época. El techo, la parte delantera con el número de chasis, los soportes del cuadro de mandos y el protector para las rodillas, así como la cavidad para el sillín para niños y la bandeja trasera, deben ser originales.

Después se instala de nuevo el mazo de cables con los enchufes y las conexiones originales. Los instrumentos, el volante, los revestimientos de las puertas, los asientos y las lunas se sanean cuidadosamente y se vuelven a instalar, patina incluida. El Museo no puede ejecutar en sus propios talleres los trabajos de carrocería y esmalte, pero el resto de trabajos se realiza en las instalaciones propias, conjuntamente con Porsche Classic. La restauración, siguiendo los estándares de Porsche, costará cerca de 250.000 euros y durará unos dos años. Finalmente, el Porsche 911 número 57 se pondrá en circulación –como el resto de los vehículos del Museo– en determinados eventos y rallies…

Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado…

Texto Roland Löwisch
Fotografía Rafael Krötz


Porsche 901

Año de construcción: 1964
Motor: bóxer de seis cilindros
Cilindrada: 1.991 cm³
Potencia: 96 kW (130 CV) a 6.100 rpm
Par máximo: 174 Nm a 4.200 rpm
Transmisión: cinco marchas, manual
0–100 km/h: 9,1 s
Velocidad máxima: 210 km/h

La historia del cero en el centro

El sucesor del 356 iba a llamarse Porsche 901, pero durante las primeras fases de la producción, Peugeot interpuso una protesta por escrito porque los franceses habían asegurado los nombres de sus modelos con un cero en el centro. Se mantiene firme la leyenda de que se construyeron 82 unidades del 901 antes de dar al automóvil el nombre de 911.

«Sin embargo, no hay pruebas de ello», afirma Alexander Klein. «Nadie sabe realmente cuántos 901 se construyeron. Existe un libro de producción en el que se registraba a mano cada automóvil que se construía. Una página finaliza con el número de producción 82 del 901 y la siguiente comienza con el número de producción 83 del 911. Pero eso no significa que fuera exactamente en este momento cuando llegó por escrito la demanda de Peugeot». Y en principio el 901 y el 911 no se diferencian.

Aunque sí en los detalles. Klein cree que ninguno de los primeros cien automóviles 901/911 era igual que otro. «Cada ejemplar era una pieza única, las series llegaron más tarde». Se podría decir que los primeros clientes eran conejillos de indias: cuando alguno se quejaba de que entraba agua, el próximo automóvil se construía con otra junta. Si fallaba el mecanismo de cierre, el próximo se dotaba de otro valor de presión. Si se atrancaba la manilla de la puerta, las siguientes de diseñaban de otro modo. En el primer año de producción, 1964, se construyeron un total de 232 unidades del 901/911.